Sea que padezcamos enfermedades cardíacas o no, cualquiera de nosotros puede ser víctima de un ataque al corazón en cualquier momento. Si bien es cierto que quienes sufren condiciones previas son más susceptibles a sufrir un episodio cardiovascular, la verdad es que nadie esta exento de sufrir un ataque cardiaco, o de ser testigo de uno. He aquí algunos tips para saber como actuar en caso de presenciar algunas de estas situaciones.
En su mayoría, los ataques cardiacos pueden dividirse en dos grandes grupos: Los infartos, y los paros. Los primeros se caracterizan por la obstrucción de uno de los vasos que conducen sangre a un tejido. En caso de taponarse, la sangre queda trabada y el tejido queda privado de irrigación, por lo cual carece de oxigenación y nutrientes, lo que le lleva a un daño permanente en el músculo cardiaco, o en el peor de los casos, a una progresiva muerte por isquemia (falta de irrigación sanguínea). Este cuadro se conoce como infarto de miocardio. Los paros, a su vez pueden dividirse en tres: los cardiacos, cuando el corazón se detiene y no hay bombeo de sangre, esto mantiene sin suministro de oxigeno a los órganos vitales; los respiratorios, cuando la sangre circula, pero no hay respiración espontánea, esto puede desencadenar un paro cardíaco; y por último el más grave de todos, el paro cardiorrespiratorio, cuando no sólo el corazón está detenido, sino que la persona tampoco respira voluntariamente.
En primer lugar, lo importante es saber distinguir que se está frente a una situación de riesgo. Por lo general, la persona afectada puede desmayarse, o está despierta y puede hablar, pero manifiesta una sensación desagradable de dolor u opresión en el pecho. Dada la cercanía del corazón con el estómago, muchos preinfartos pueden confundirse con gastritis y viceversa, por lo que los síntomas son ignorados o minimizados. En mujeres, ancianos y diabéticos, el cuadro es menos claro, por lo que estas personas pueden describir una sensación de dolor o ardor en el pecho, que puede irradiarse al hombro, la espalda, la mandíbula y el cuello.
Otros signos importantes a tener en cuenta, es observar si la persona tiene dificultades para respirar, si manifiesta sensaciones de nauseas o aturdimiento, o bien si comienza a estar bañada por una sudoración fría. Todos estos datos, pueden llevarnos a inferir que la persona está siendo victima de un ataque, por lo que es cuestión de vida o muerte actuar con precisión y rapidez, pero sin perder la calma, para evitar que la situación pase a mayores. Los 60 minutos siguientes desde el comienzo de los síntomas son fundamentales, ya que determinan la evolución del episodio, el cual puede agravarse si no se actúa con prontitud. Sin embargo, no importa cuan seria sea la situación, es imprescindible no perder la calma en ningún momento, ya que si dejamos a los nervios y el miedo ganar terreno, todo puede complicarse debido a que quedamos paralizados sin saber como reaccionar, o bien actuamos de manera deficiente y no solucionamos nada.
Así, una vez que conservamos la calma, debemos instar a la persona afectada a que también pueda tranquilizarse. Es importante lograr que se ponga cómoda y que no se asuste, para que de esta forma el cuadro no se agrave. Una vez hecho esto, llamamos inmediatamente al Sistema de Emergencias Medicas (SEM). El número es 107 para las Capital Federal, o 911 para la Provincia de Buenos Aires. Es importante cuando nos comunicamos con el operador de las emergencias, permanecer aportando todos los datos que sean necesarios para dar un mejor panorama y comprensión de lo que está sucediendo. Por ejemplo, es vital especificar la ubicación geográfica del episodio. Esto se logra eficazmente aportando la dirección precisa del hecho, las calles que delimitan la cuadra, y el barrio en el que se encuentran. Esto permite al conductor de la ambulancia encontrar con más facilidad el lugar y llegar más rápido al mismo. En buenos Aires, no es raro que existan lugares con los nombres de las calles iguales o parecidas, por lo que un dato incorrecto o incompleto, puede llevar a una confusión en la dirección, y retrasar así la llegada del auxilio médico.
Otro dato imprescindible es nunca cortar el teléfono antes que el operador de la emergencia, ya que este puede necesitar corroborar información (como la dirección), o bien en el momento de tensión uno puede no decir algún dato que sea vital para la llegada de la ayuda.
Una vez que se está seguro que el auxilio viene en camino, permanezca junto a la victima todo el tiempo que sea necesario. Esta puede necesitar su ayuda en caso que la ambulancia se demore y su presencia puede aportar la ayuda justa que hace que una de estas dramáticas situaciones tenga un final feliz, o un final trágico.
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